Bien, princesa, ahora hablemos con honestidad.
¿Qué fue ese arranque tuyo de querer vivir en un mundo feliz?, ¿ahora reconoces que la esperanza hace aún más dolorosa la partida?
Has leído cada una de sus palabras, ya sea de sus labios, ya sea de "esos lugares donde él gusta de escribir", y sabes perfectamente que ni hay tulipanes ni tus manos están menos frías.
Volviste a caer en tus propias trampas suicidas, y te volviste a equivocar.
Quita ya esa sonrisa, a mí no puedes engañarme. ¿Feliz?. Cierto, tuviste dulces sueños, dulces y efímeros, simplemente sueños. ¿Y él?. Él se lamenta por algo que hizo. ¿Por qué?. Porque se siente miserable, porque hubiera preferido estar en cualquier otro lugar que le permitiera leer responder los mensajes del celular, porque, indudablemente, tú sólo fuiste una distracción de domingo por la tarde, una que resultó poco importante a comparación de una llamada perdida.
Verás, el hecho de que me mires así no te causa alguna ventaja. No, no vas a llorar ahora.
Quiero que te pongas de pie y me digas si has aprendido algo hoy. Sí, es necesario que respondas ahora mismo...
"El Thanatos nos obliga a reconocer la realidad con adusta seriedad y aceptar nuestra condición de seres finitos..."
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario